lunes, 12 de octubre de 2015
No me decidía en los caminos, llegaba las esquinas y ahí me quedaba, parada, pensando hacia dónde virar, seguir derecho o atravesar la calle, nada me detenía y nada me impulsaba a seguir. Lo inevitable pasó y quien quiera que sea que haya sido testigo- fue la casualidad o el destino, no entraré en discusiones - sin lugar a dudas fue un afortunado transeúnte. Cuando por fin pude elegir, seguí mi camino como si no hubiera pasado nada, como si esos diez años esperando en esa esquina no hubiesen pasado. Claro que mi cuerpo había cambiado junto con mis pensamientos o al revés, había disminuido para dejarle espacio a la mente que sin duda pesaba más por esos días, en fin, la algarabía de la multitud quedó en silencio cuando di ese paso, en realidad, no se si hubo testigos, gente ni ruido, si ese silencio de la ciudad que se confunde entre los monótonos sonidos que emanan las máquinas, personas-máquinas, máquinas-personas. Llegará el día en que me detenga de nuevo, serán un par de años o días, no se sabe, hay que detener el paso cuando el alma exige un respiro.
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