Relatos de pandemia II
Ejercicio de descripción.
Domingo cinco de abril. La psicohistoria nos trajo a un momento decisivo.
Domingo después de almuerzo. Sentada en el escritorio de lo que cada día es mas mi pieza de una casa ajena intentando ordenar las ideas frente al computador.
Domingo y no pasa nada. El lugar que habito grita quietud y Billie Holiday se esucuha en lo profundo confundiéndose entre el ladrido de los perros, el grito de los chanchos y el píar de los pollitos pequeños que revolotean por el jardín.
Escucho unos pasos apresurados.
- Llama a los bomberos! Se está quemando el cerro al lado de la piscina! - me grita Manolo - Apúrate! Que está corriendo fuerte el viento!
La piscina, no es una piscina, es un hoyo en medio de un terreno donde vuelan queltehues y codornices, a veces habitan las vacas en una suerte de sala de espera entre el monte y el corral. Ahí hay un espacio roto que quiebra el paisaje, en un momento iba a ser una cancha de tenis, luego después de años de quietud de las ideas, mudó a piscina y por fin se tomaron acciones para materializar ese sueño, llegó la retroexcavadora y se dieron cuenta -de manera lamentable- que debajo había una napa de agua. El sueño se detuvo y ahora despiertos solo es un hoyo gigantesco que acumula agua de lluvia y es el lugar perfecto para el nacimiento de los mosquitos.
El municipio bajo la orden ingeniosa de sus gobernantes hizo un intento de piscina en el estadio de la comuna, en realidad era una piscina bien rústica que servía para ir a cazar sapitos en otoño, ese intento fugaz que duró un verano o tres si contamos la reminiscencias del estanque queda atrás de nuestra casa, por lo que cuando Manolo me grita que se está quemando al lado de la pisicina, mi confusión fue evidente y duró toda la llamada telefónica a los bomberos. Sabía que era el cerro pero no sabía bien a qué altura si a la de "nuestra" piscina o la de la piscina municipal. Al momento inmediato en que corto la llamada entra de nuevo Manolo y me dice
- Anda al portón a esperar el carro y dale las indicaciones sobre cómo llegar.
Entendí que se trataba de "nuestra" piscina y en cuestión de segundos ya había dado aviso del lugar exacto por dónde tenían que entrar. Entendí también que los sueños se anclan de tal manera que la ilusión nos hace pensar que todavía son posibles, podemos darle un nombre a un lugar que no existe y con solo nombrarlo ya es real, aunque en el fondo sabemos que es solo un sueño, es la calma que entrega la mente,una mentira para el espíritu.
- Es en la casa de Manolo, entren por el portón rojo al lado del puente, los voy a estar esperando - le dije a los bomberos y salí corriendo a la entrada de la casa a seguir las indicaciones de mi papá.
Llegaron los bomberos sin haber entendido mis indicaciones y ante la duda, pasaron de largo. Al darse cuenta comenzaron la maniobra de dar vuelta el carro para volver, los miré con paciencia desde el portón. Consiguieron entrar y evaluar la situación. Como el fuego agarró el cerro, tuvieron que llamar a otro carro. Para esa altura habían tres focos de incendio, ellos tomaron los dos mas grandes que estaban a los extremos y nosotros tres con pala y azadón luchando contra uno de los brotes, el del medio. Cuando se estaba extinguiendo la mayor parte, en un carretilla con tres baldes de agua y bidones de agua intentábamos apagar los troncos, la tarea nos tomó horas casi hasta el atardecer. Algo no me dejaba estar cómoda así que caminé hacia la casa a revisar si estaba todo en orden, tenía el presentimiento de que algo estaba mal, pero no encontré nada fuera de lo normal y aproveché de abrigarme un poco porque ya estaba cayendo el frío de Abril, cuando el sol ya no calienta la espalda y se siente la brisa helada del sur, volví caminando a paso rápido mientras veía como se iban retirando los bomberos, la verdad no sabía si parar a agradecer o no ante la duda, pasé de largo. Al volver me encuentro de frente con tres hombres, una mujer y un niño.
- Aquí era el incendio pohwueon. Dice uno de los hombres, en ese estado de embriaguez que aun puedes caminar pero con seguridad al otro día no recordarás lo que pasó y tu cuerpo en un esfuerzo fisiológico permanece alerta solo para sobrevivir.
- Mira wueon, yo te di permiso para que ayer hicieran la fogata aquí en el cerro y tu no apagaste el fuego - le dice Manolo enojado - lo mínimo es que si van a carretear apaguen el fuego.
- La misma botella que se tomaron la pueden usar para llenarla en el río y apagar la fogata - dije aprovechándome del silencio que hubo, ellos se miraban con cara de desentendidos.
- Si! yo sé que no lo apagaron porque vine y aun estaban las llamas y ustedes ya no estaban - siguió Manolo - miren la cagaita que está qued... no alcazó a terminar la frase y los hombres se pusieron a la defensiva.
- Nosotros no fuimos ná Don Manolo, nosotros somos de aquí de Purén - decía el hombre acercándose cada vez más a nosotros y nosotros como huyendo de sus palabras.
- Si hasta le meamos a la fogata antes de irnos - gritaba otro de los hombres desde más atrás.
- Si Don Manolo, es verdad, le pusimos tierrita por al rededor - explicaba uno de los hombres.
- No venga ná con cosas Don Manolo, o es que acaso va a llamar a los pacos?
- Si nosotros no fuimos na ooh! - Alegaban los tres hombres sin escuchar a nadie, ni entre ellos.
No tenemos claridad si aquí en el pueblo hay o no infectados, al menos, el día anterior habíamos terminado nuestra cuarentena preventiva y ninguno de los tres había presentado síntomas, por fin podíamos estar más tranquilos y después de dejar todo apagado podíamos ir tranquilos a celebrar el cumpleaños donde la Nena, un lujo en estos tiempos saber que no estas enfermo y compartir con otras personas.
- Nosotros somos de aquí del ecosistema, andamos tomando maqui nomas - y el hombre se acercaba mostrando lo que había recoletado, mientras Manolo con la cara de lado esquivando las partículas de saliva me hacía señas con los brazos dándome indicaciones de que me alejara.
- Oye, son dos metros de distancia - Le decía mi papá - respeta po wueon.
- Oiga señor, si nosotros no tenemos na el bicho, nosotros somos peñi, somos de Purén, no tenemos na esa cosa - y mientras el resto se alejaba él seguía hablándome de frente, sólo que su argumento había cambiado, ya no se trataba del incendio, ahora se defendía de no estar infectado. Sentí como cada una de las gotitas que escupía mientras vociferaba su defensa entraban por mi boca y mi nariz.
- Si hermano pero, y yo? sabes de dónde vengo? - le respondí - Hace una semana estaba en Brasil y estoy en cuarentena, tu no sabes nada de mi llegas y te acercas...
- Entonces póngase mascarilla po señorita! - dice el hombre, dejándome en jaque. Y cómo lo hace con su marido? - me dijo de inmediato, con una sonrisa entre burla y coqueteo mientras su esposa y su hijo le gritaban desde lejos para que se fuera con ellos.
- No tengo marido! - le respondí - los hombres son pa puros problemas y mejor andate que parece que te van a pegar.
Con la carretilla en mano y baldeando los troncos se fué la tarde y la paciencia. No recuerdo cuánto tiempo siguió ahí el hombre, pero creo que se aburrió de hablarnos y nosotros de ignorarlo, así se fue esfumando.
Al volver a casa cansados y con el olor a humo pegado en el cuerpo, nos sentamos a la mesa en un silencio depresivo e indignado hasta que Manolo moviendo la cabeza se pregunta, por qué no apagaron el fuego esos wueones? - Nah, si el viento lo apaga... le respondí y estallé frenética en risa. Entre la alarmas de incendios que anunciaba el rebrote del fuego y el té vimos el video de Juan Carlos Bodoque notaverde sobre los incendios forestales que todavía tiene sacándonos carcajadas cuando recordamos el Domingo. El incendio nos dejó a los tres en cuarentena y a la Nena sin cumpleaños. Quince días más.
martes, 14 de abril de 2020
viernes, 3 de abril de 2020
Relatos en pandemia 1
Soportaría la locura pero la estupidez nunca, pensaba antes de irme a sentar a la mesa mientras pasaba un automóvil vociferando cosas del virus.
Aquí, en el pueblo,hay un auto que pasa diciéndole a la gente instrucciones sobre cómo evitar el contagio, a mi parecer son instrucciones bien erradas, ya que durante estos días he tratado de mantenerme informada con las que, según yo, son las fuentes más objetivas y lo que informa el auto a través de los megáfonos es: que el uso de mascarillas es obligatorio, que la plaza pública está contaminada, que si vas a andar en bicicleta sea con mascarillas en fin, cosas que a mi parecer estaban equivocadas. Ante eso, al almuerzo y aun sin saber la identidad de la persona que maneja el automóvil, nos reímos y nos quejamos sobre la medida a nivel comuna que ha tomado el alcalde - quien por cierto está cumpliendo su cuarentena obligatoria por estar infectado - que nos parece paranoica, en fin... reímos bastante rato y divagamos sobre las conspiraciones que hay al rededor del virus, yo creo que se debe hacer un estudio social sobre la gente que está muriendo, es importante saber quién está muriendo, se puede georeferenciar las direcciones de dónde vivían y asi saber si son parte de la clase acomodada de éste país o en realidad es solo como siempre, los apatronados, los que viven de ilusiones y deudas los que están muriendo. Luego del almuerzo fui al centro en dirección al banco me detuve y pasé a ver a la Nena, estuvimos ahí un rato como ya es costumbre a menos de dos metros de distancia y metiéndole miedo a propósito porque quiere salir -con ella me tengo que poner el papel de paranoica para evitar que salga de la casa, debo reconocer que ese papel me gusta y acomoda bastante es como si supera de ciencia aunque en realidad no se nada - conversamos también sobre la posibilidad de que La Araucanía comenzara un estado de cuarentena total según una fuente confiable y cercana, mi papel de paranoica comenzó un poquito a apoderarse de mí y finalmente decidí que la plata que sacaría sería para comprar víveres necesarios para pasar la cuarentena. Entre conversa y conversa salió una pequeña lista de cosas necesarias para vivir, le hablé sobre mi adicción al café que se me estaba acabando y que nunca-jamás volvería a tomar ese de tarro que me parece asquerosos lleno de hígado disecado y poroto negro, ella pacientemente esperó que terminara mi momento de odio a la industria alimentaria y me ofreció lo que le quedaba del café barato que le había traído de brasil (la lista tan bien hecha terminó en doce huevos, un atado de cochayuyo, dos paquetes de tallarines, arvejas partidas y papel higienico, ahora tengo que plantearme mi capacidad para realizar compras...eso lo veré mas tarde) así comenzó la despedida. Hay algo que me cuestiono y es ¿por qué siempre me sale tan largo despedirme? estoy aproximadamente unos diez minutos diciendo: ya me voy, pero no. Me pongo a hablar de cualquier cosa y la conversación sigue y así sucesivamente hasta que me terminan echando. Cuando ya estaba por terminar la larga retirada le grito desde el portón:
-Entonces el café que me ofreciste era promesa nomas!
-No! espérame que te lo traigo.
Y en ese momento ínfimo pasa el automóvil, salgo a mirar para saber quién es la persona que está adentro.
-Por fin apareció, pensé. Vi que otra señora con la misma curiosidad paró su andar y observó detrás de su mascarilla quién era el conductor del auto, la nena sale me doy vuelta para elegir el café y escucho una voz desde el megáfono:
- !Hola Barbarita! Cuando llegaste?!
Quedé boquiabierta, porque era tanto mi arrebato de odio frente a la persona (figurativa si, no personal) que si quiera se le pasara por la cabeza hacer lo que a mi parecer era tamaña estupidez, me di cuenta de quién era y me sorprendí, intenté saludar pero lo único que pude hacer fue lanzar un grito:
- Estoy contagiada!
Soltando todo mi odio, a lo que el megáfono respondió:
-Entonces quédese en casa!
Salí con mi café en la mano y la nena entiendiendo poco, solté una carcajada y llegué riendo hasta la esquina, me di cuenta que el banco estaba cerrado y me di cuenta que la gente estaba retomando la vida normal, habían negocios abiertos con gente esperando afuera, la plaza con un poquito de personas, gente andando en bicicleta y entendí por qué ese auto está con ese trabajo. Entendí que no era para alarmar, era para frenar la actitud de las personas de salir y seguir la normalidad de la vida, claro... como aquí no pasa nada o en realidad no se sabe si pasa algo.
Esta paranoia se ha tomado el tiempo de confundirme, se sentó en el sillón y se tomó mi café. La culpo y la sentencio, pero de nada sirve, porque no estamos locos ni somos estúpidos, lo único verdadero es que estamos solos.
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