viernes, 3 de abril de 2020


Relatos en pandemia 1
Soportaría la locura pero la estupidez nunca, pensaba antes de irme a sentar a la mesa mientras pasaba un automóvil vociferando cosas del virus.
Aquí, en el pueblo,hay un auto que pasa diciéndole a la gente instrucciones sobre cómo evitar el contagio, a mi parecer son instrucciones bien erradas, ya que durante estos días he tratado de mantenerme informada con las que, según yo, son las fuentes más objetivas y lo que informa el auto a través de los megáfonos es: que el uso de mascarillas es obligatorio, que la plaza pública está contaminada, que si vas a andar en bicicleta sea con mascarillas en fin, cosas que a mi parecer estaban equivocadas. Ante eso, al almuerzo y aun sin saber la identidad de la persona que maneja el automóvil, nos reímos y nos quejamos sobre la medida a nivel comuna que ha tomado el alcalde - quien por cierto está cumpliendo su cuarentena obligatoria por estar infectado - que nos parece paranoica, en fin... reímos bastante rato y  divagamos sobre las conspiraciones que hay al rededor del virus, yo creo que se debe hacer un estudio social sobre la gente que está muriendo, es importante saber quién está muriendo, se puede georeferenciar las direcciones de dónde vivían y asi saber si son parte de la clase acomodada de éste país o en realidad es solo como siempre, los apatronados, los que viven de ilusiones y deudas los que están muriendo. Luego del almuerzo fui al centro en dirección al banco me detuve y pasé a ver a la Nena, estuvimos ahí un rato como ya es costumbre a menos de dos metros de distancia  y metiéndole miedo a propósito porque quiere salir -con ella me tengo que poner el papel de paranoica para evitar que salga de la casa, debo reconocer que ese papel me gusta y acomoda bastante es como si supera de ciencia aunque en realidad no se nada - conversamos también sobre la posibilidad de que La Araucanía comenzara un estado de cuarentena total según una fuente confiable y cercana, mi papel de paranoica comenzó un poquito a apoderarse de mí y finalmente decidí que la plata que sacaría sería para comprar víveres necesarios para pasar la cuarentena. Entre conversa y conversa salió una pequeña lista de cosas necesarias para vivir, le hablé sobre mi adicción al café que se me estaba acabando y que nunca-jamás volvería a tomar ese de tarro que me parece asquerosos lleno de hígado disecado y poroto negro, ella pacientemente esperó que terminara mi momento de odio a la industria alimentaria y me ofreció lo que le quedaba del café barato que le había traído de brasil (la lista tan bien hecha terminó en doce huevos, un atado de cochayuyo, dos paquetes de tallarines, arvejas partidas y papel higienico, ahora tengo que plantearme mi capacidad para realizar compras...eso lo veré mas tarde) así comenzó la despedida. Hay algo que me cuestiono y es ¿por qué siempre me sale tan largo despedirme? estoy aproximadamente unos diez minutos diciendo: ya me voy, pero no. Me pongo a hablar de cualquier cosa y la conversación sigue y así sucesivamente hasta que me terminan echando. Cuando ya estaba por terminar la larga retirada le grito desde el portón:
-Entonces el café que me ofreciste era promesa nomas!
-No! espérame que te lo traigo.
Y en ese momento ínfimo pasa el automóvil, salgo a mirar para saber quién es la persona que está adentro.
 -Por fin apareció, pensé. Vi que otra señora con la misma curiosidad paró su andar y observó detrás de su mascarilla quién era el conductor del auto, la nena sale me doy vuelta para elegir el café y escucho una voz desde el megáfono:
- !Hola Barbarita! Cuando llegaste?!
 Quedé boquiabierta, porque era tanto mi arrebato de odio frente a la persona (figurativa si, no personal) que si quiera se le pasara por la cabeza hacer lo que a mi parecer era tamaña estupidez, me di cuenta de quién era y me sorprendí, intenté saludar pero lo único que pude hacer fue lanzar un grito:
-  Estoy contagiada!
Soltando todo mi odio, a lo que el megáfono respondió:
-Entonces quédese en casa!
Salí con mi café en la mano y la nena entiendiendo poco, solté una carcajada y llegué riendo hasta la esquina, me di cuenta que el banco estaba cerrado y me di cuenta que la gente estaba retomando la vida normal, habían negocios abiertos con gente esperando afuera, la plaza con un poquito de personas, gente andando en bicicleta y entendí por qué ese auto está con ese trabajo. Entendí que no era para alarmar, era para frenar la actitud de las personas de salir y seguir la normalidad de la vida, claro... como aquí no pasa nada o en realidad no se sabe si pasa algo.
Esta paranoia se ha tomado el tiempo de confundirme, se sentó en el sillón y se tomó mi café. La culpo y la sentencio, pero de nada sirve, porque no estamos locos ni somos estúpidos, lo único verdadero es que estamos solos.





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