Quisiera esconderme de este cuerpo mutilado. Encender la luz en ese espacio oscuro de vacío infinito, no tengo la valentía de quedarme ahí sin ver la palma de mis manos. Me desarmé. Me alejé. No soy ni un poquito de lo que era y no dejé migajas. Soy capaz de oler la oscuridad y huele al espanto de la muerte cerca. A nervios, carne y piel sucia.
Pero no es verdad.
Habita en mi también la luz. La estoy buscando. Es difícil con el invierno encima. Pero está. Espera paciente que la encuentre.
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