martes, 21 de febrero de 2012



Relato de percepción de mi día con una lagartija
Caminaba al compás del respiro desgarrado por los hormigueos que suben desde el pecho a la boca, intentaban componer el día desgraciado que colmó la noche anterior. Una retorcida idea se urdía por entre esa cosa que llena las cabezas casi núbil de ironías de las personas inquietas e infantiles como nosotros. A medida que salía el sol -y estoy segura que calentaba tus hombros a mi distancia-, atravesaba a paso lento los crujidos de las maderas viejas de un puente sanguinario, se asomaban los reflejos tono ámbar por sobre los cercos. Mi demora se debía a una irrealidad que intentaba traer a la tierra. Pensamientos, deseos o ideas...un serio descuido habría sido una traición a los sueños, una leve mirada a algo mas que no fuesen mis pies sobre el camino habrían hecho perder mi reflexión de quizás ya cuantos metros. La distracción habría perdido el arquetipo de eso que articulaba, o algún proverbio que se me ocurrió al mirar no se qué y escuchar a quién se yo.
Pero tuvo que suceder, ella, la que reflejaba, la que hacía ese arcoiris de jarabe, con ligeros movimientos sobre la pintura blanca, hizo inconexo cualquier soliloquio creado hasta ese punto. Mi admiración se mezcló con la seducción de aquella extranjera desconocida. Cuando logró alterar mis pensamientos fueron tres segundos que mi mirada la siguió por esa pandereta donde parecía que volaba.
Esa lagartija se robó mis deseos, ya no se donde encontrarlos y aunque lo quiera nunca serán los mismos.


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