miércoles, 13 de marzo de 2013

 Opacarse a sí mismo, se resuelve final e inevitablemente, en entregar sólo oscuridad al mundo. Decidí brillar sin artificios y tu vida en mi vida desapareció.

¿Quién fue el culpable de apagar la corteza que cubría mi piel?
Hoy desde mis entrañas, culpo a la suerte de pender lo oscuro sobre mí, culpo sin remordimiento tu espíritu fatuo y vanidoso, culpo a la perfección, al soberbio, a esa sustancia sin brío que corre por tu sangre.
Tengo que perdonarme antes que tu aliento intente culparme y desde esta mujer sin voz, de una vez, lograr callarte.

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