Es mio.
Te lo entrego para que lo guardes con la esperanza que en un futuro no muy lejano
- si consideramos el paso del tiempo cósmico -
me lo devuelvas.
Prometes que llegado el momento,
si todo va bien,
probablemente,
me lo devuelvas.
pero,
si todo sale mal,
es mi responsabilidad.
Yo no he aceptado los términos y condiciones.
Pero aun así, participo.
No hay mas remedio.
Me obligan y si no quiero?
Me llaman lumpen.
Te lo entrego, lo utilizas, lo multiplicas.
Y de eso sacas ganancias.
Te regocijas en ese jugo dado por mi sudor.
Y vives la vida intentando apaciguar tus sueños: proyectas.
Mientras yo, sigo entregándote.
Ahora, que lo pido, porque lo necesito. Porque es mio y lo necesito.
No lo quieres entregar.
Te resguardas en tus deseos.
Dices que no me lo entregas porque lo atesoras.
Dices que hay que conversar.
Dices que estás dispuesto a entregármelo, mas no a devolvérmelo.
Porque lo atesoras.
Y al devolverlo, tengo que entregarlo multiplicado, porque aunque sea mio, lo atesoras.
Y pareciera que ese amor lo transforma (en una suerte de magia o letra chica), en tu propiedad.
Es ese el amor que te llevará al infierno.
Te maldigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario