domingo, 19 de julio de 2020
Relatos de pandemia V
Aquí en el pueblo, el tiempo nunca se detuvo se transformó a la percepción de las estaciones y los colores que deja el clima. Aquí, en el pueblo, hay momentos de silencio, ente sirena y sirena. Pareciera que los bomberos trabajan más que en cualquier otro lugar donde haya estado viviendo o de paso (que a estas alturas para mi vida nómada, han sido bastantes). Aquí en el pueblo, a diferencia de las grandes ciudades, la gente "no cree" en el virus y la que si habita en esta situación de fe y acredita su existencia, no admite la posibilidad remota de poder estar contagiado. Aquí en el pueblo, la gente siguió con su vida al momento exacto en que se confirmó el primer caso, gran ironía. Recuerdo los primeros días de esta confinamiento, la gente tenía miedo, desconfianza y por supuesto los no creyentes, esperaban el cuidado de Dios ante la situación. La plaza vacía, las calles aguantaban uno que otro transeúnte medio perdido de la realidad. Cuando el Municipio resolvió que sus funcionarios volverían a trabajar de manera normal, pareciera que fue el impulso para que la vida siguiera.
El tiempo que nunca se detuvo e hizo que mi paso por Concepción terminara y en una salida rápida de la ciudad llegué aquí al pueblo, de paso. Había decidido viajar después del plebiscito a Australia para poder trabajar, ahorrar y salir a la ruta en bicicleta por el sudeste asiático, luego hasta la India, por lo que estaría solo un mes en casa de mi papá y luego a volar. Obviamente eso no sucedió y la ventana que mira a un castaño anciano, se transformó en mi cuadro diario, lo primero que veo al despertar durante estos cuatro meses.
Los primeros días, sentía que no tenía rutina y eso me ponía un poco incómoda, la nueva casa - que de cierta forma evitaba y evito sentirla como propia - ofrecía un espacio seguro y libre para el encierro. El tiempo no se detuvo, avanzó rápido, caótico, como un niño caprichoso que quiere tu completa atención.
El tiempo no se detuvo y seguí haciendo, intentando llevar la realidad desconocida del tiempo incierto a un escenario controlable con un ritmo aceptable. Intenté hacer una huerta, armar canciones, resolver ideas, alojar en el alma, anidar al sol, fluir en la calma y a medida que anunciaban/ocultaban muertos, la vida componía una rutina y me fuí dando cuenta que pasaría largo tiempo aquí. Así, con el tiempo definido y comenzando a entender el caos, nacían las necesidades de hacer. En inglés, hacer se puede traducir de dos maneras dependiendo del contexto, existe el verbo do y make. Los dos son verbos por tanto son acciones, pero utilizas do cuando cuando estás hablando de la acción en sí misma y make cuando estás hablando del resultado de esa acción. Mi vida siento que llenó de "dus" pero nada de "meik". Lo único real y de lo que puedo confrimar su existencia es el plato de comida diaria, del resto no se nada. Esa poca concretización del hacer me llevó a la primera crisis.
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CONTINUA
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De alguna manera seremos eternos. Hoy no.
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