jueves, 13 de octubre de 2011
mi vida anerofita
No tengo tiempo ni espanto, ni un fusil que empuñar en tu defensa, o caídas que demuestren debilidades, ni penas que contarles a los muertos. No tengo el calor entre mis piernas que te cuide en las noches serenas, no tengo fe ni creencias que te mantengan estoico ante la desgracia o la indiferencia, te presento un cuepro asimétrico y estampado en dudas, te presento una rebelión frente a la hostia y el cáliz, un hastío pálido y demacrado, un desorden permamente de pensamientos sin sentidos, te presento la desarmonía de mis sonidos y mi lengua escupiendo prosa vulgar.
No tengo una posición frente a la gente, ni juegos enfermos de los que colgar estas palabras, ni divisiones de ideas energéticas que se puedan cruzar con las tuyas, no tengo especies bajo mi guardia, ni miradas, ni sonrisas, ni suspiros, no tengo gestos que evitar dentro de esta pieza, ni cobranzas sentadas en la espera. Solo tengo una porción de carne y huesos que entrego cada día al día y un corazón de nueve ángulos, que deja de latir en esa sala. Te presento mi dedos envueltos en polvo blanco y dulce, te me presento bourbon y nicotina, y aventuras por mi continente, mis costas sin límites de sueños. Solo participo en una noche envuelta en miedos a pequeñas criaturas y una esperanza herbácea en países encantados.
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