martes, 13 de agosto de 2013

Pretérita & inexistente
El futuro cambia el pasado y por eso la gente prefiere darle la espalda a este último, vivir siempre en el presente, no darle cabida a la nostalgia , porque esos recuerdos están por fuerza tañidos por el sonido de las tristezas y las decepciones.
"Me prometió el cielo" lloran los despechados, como si al momento de hacer la promesa no hubiese querido cumplirla, como si no se lo hubiera dado en ese entonces.
¿Qué culpa tiene la yo del presente de las decisiones que tomó la yo del pasado? ¿Qué la encadena? Creer que somos la misma siempre, es lo que nos lleva tantas veces a esconder la cabeza y vivir en la vergüenza.
Del impulso nace la decisión, un impulso del que luego los cobardes reniegan y para bien o para mal, la decisión queda, más no así su germen.
"Desearía que no hubiese sucedido" dicen creyendo sentir arrepentimiento.
El arrepentimiento es el lerdo consuelo de esos cobardes.
No se puede reducir el yo del pasado y asumir que es el mismo del presente, sugerir siquiera que no son enemigos y sirven a una causa común.
La yo del pasado suele perder todas las batallas cuando se le compara con la yo del presente y es vista como la mas idiota de los dos, la mas inexperta.
Pero en algunas ocasiones - que se multiplican a medida que uno va creciendo o según se fracasa en la vida que viene a ser la misma cosa - no ocurre así y gana la yo pretérita.
En aquellos casos miro atrás y pareciera que la yo anterior, casi un desconocida a estas alturas, se estuviera riendo de mí, vencedora al fin.
Mis yoes del pasado se burlan de mí de vez en cuando, se aparecen cuando nadie lo espera y me dejan en una pieza oscura contemplando un fantasma en un espejo.

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