miércoles, 7 de diciembre de 2011



Ahí,
abajo,
donde la piel muestra la amargura,
escondemos los pesares,
donde se abraza a la madre,
brotan margaritas y girasoles.
en cada brote, locas de agua,
se arranca y junta a la tierra
los granitos de cielo que caen.

Ahí
abajo, donde se enarbola el hombre,
se arrancan, se llenan, se disfraza
una particularidad tentadora
frente al juicio de Dios.

Ahí,
abajo,
donde para vivir, basta dejarse vivir,
donde caen los huesos
y se sacrifica la sangre.
Donde llegan a comer los gusanos
la carroña que dejó el humano.

Ahí,
abajo,
sólo existe lo que existe,
el resto es una mierda,
y el vacío puede avanzar incalculable
al paso lento del camino,
sobre tus hombros invisibles
se posa a la distancia,
la espesura en dimensiones ajenas.

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